jueves, 15 de septiembre de 2011

Pensamientos varios


Últimamente me han vuelto las ganas por escribir. Pero, para ser sincero, no estoy inspirado. No sé de qué hablar, qué contar. Hay infinidad de temas de los que hablar, pero la inspiración no me llega. Si uno es bueno escribiendo, que no es mi caso, rápidamente le vienen las ideas a la mente y los dedos acarician las teclas uniendo las palabras para componer una sinfonía agradable de leer. En mi caso las teclas son golpeadas con fuerza, aporreadas una tras otra para tan sólo dejar claro que tengo ganas de escribir, sin embargo las ideas no aparecen.

¿Cómo actúa un escritor, que no quiero decir que yo lo sea, cuando intenta escribir y sus manos no responden? Si soy franco, no lo sé. Supongo que continuara escribiendo hasta que consiga algo que considere bueno.

Tengo ideas banales. Pinceladas que llegan a la mente de manera incoherente. Ideas sueltas que bailan pisándose los pies unas a otras sin llegar a crear una danza armoniosa. Una coreografía que no aparece. Será mejor dejarlo por hoy. Todo sigue igual. 

lunes, 28 de febrero de 2011

De cómo la madre naturaleza te puede asombrar


Tiempo hace que no escribo. La dinámica diaria y el tiempo para mi provocan que utilice mucho el "ya lo haré". Pero bueno me comprometí a escribir las aventurillas y ahí va. 

El último gran viaje que hice no fue espectacular, fue lo siguiente. El objetivo del viaje era ir a ver ballenas a Baja California Sur, al norte de México. Es cierto que el primer día fue un poco desastre y no pudimos hacer muchas cosas. Bueno no sólo el primer día. Tuvimos más de un contratiempo durante los tres días que disfrutamos de la península. Pero este tema no es el importante.

Ya la segunda jornada tuvimos la oportunidad de contratar unas lanchas e ir en busca de las ballenas, ballenas que ya habíamos visto en Puerto Vallarta. Pero esto era algo distinto. Aquello parecía la M-30 en hora punta. Mirabas la costa y veías constantemente ballenas por todos lados. Parecía una autopista. Los chorros de agua saliendo cual geiser. Mirabas la costa y, al menos, contabas seis o siete en cada ocasión. Espectacular. 

Una vez te montas en la lancha descubres lo fascinante que es estar cerca de las ballenas cuando salen a respirar, mueven la aleta, ves su estela... y no sólo eso, la tensión de esperar, cuando se sumerge, a que vuelva a salir. 

Pero en esta ocasión lo más espectacular no fueron las ballenas, fueron los delfines. Siguiendo las ballenas encontramos unos 200 delfines nadando. Saltaban, nadaban, se acercaban a la barca. Un momento increíble. Los delfines daban brincos, volteretas una locura (si se me permite la expresión). En ese momento mi compañero de piso y yo nos pusimos las gafas de buceo y nos lanzamos al agua. Los delfines nos pasaban por debajo, y cerca de nosotros. Una sensación inexplicable y no sólo el la imagen. El concierto de los delfines era simplemente... no se como decirlo, increíble. Un momento que no puedo borrar de mi mente y tampoco tengo palabras para explicar. 

Con la euforia del momento casi no hice fotos, lo siento, pero ese momento queda grabado en mi mente. 

La segunda parte del viaje, también inigualable, la contaré en mi siguiente entrada.
Que paséis un buen día.

















Reflexión final:

Me tiraste un limón, y tan amargo,
con una mano cálida, y tan pura,
que no menoscabó su arquitectura
y probé su amargura sin embargo
 
Con el golpe amarillo, de un letargo
dulce pasó a una ansiosa calentura
mi sangre, que sintió la mordedura
de una punta de seno duro y largo. 

Pero al mirarte y verte la sonrisa
que te produjo el limonado hecho,
a mi voraz malicia tan ajena, 

se me durmió la sangre en la camisa,
y se volvió el poroso y áureo pecho
una picuda y deslumbrante pena.

Miguel Hernández

domingo, 30 de enero de 2011

Los semáforos

Cuanto tiempo sin escribir. Entre pitos y flautas no he podido escribir. También es cierto que no he tenido muchas ganas. No se, no me apetecía. Pido disculpas. Pero bueno, ya estoy de vuelta.

Creo que hoy es interesante contar una cosa, que aunque ahora no me llama la atención, al principio si lo hacía. Vamos a hablar de los semáforos. 

En Ciudad de México hay un tráfico increible. Ya lo comenté en un post. La distancia se mide por tiempo con y sin tráfico. Aprovechando esos grandes atascos hay miles de personas vendiendo cualquier cosa en los semáforos y cruces, aprovechando a los conductores atascados. 

Lo más normal es que vendan chicles, caramelos, cigarros... También hay mucha gente que te limpia el cristal o te vende un periódico, cosas normales. Pero, a partir de ahora comienzan las curiosidades. 

En alfunos semáforos te encuentras mimos que hacen que te limpian el cristal pero no te lo limpian. Ejem, una forma peculiar de entretener a la gente. Pero volvamos a lo vendedores. Podemos encontrar gente que vende limpiaparabrisas, monederos, carteras, mochilas, bocadillos... Aunque lo que me llamó mucho la atención fue un día en el que intentaron venderme cestos para la ropa. De ahí la cosa fue a mayores. Otro día había una persona intentando vender, ni más ni menos, que GUITARRAS. Sí, guitarras españolas con diferentes acabados y calidades. Las guitarras incluían las cuerdas por si querías comenzar a practicar en el monumental atasco que había ese día. 

PS: Suerte a Borja. Se que harás un MIR espectacular. Ya verás.

Reflexión final

Aguanta en silencio 5 minutos. Sin hacer nada. Reflexiona y piensa. Cuando acabe el tiempo. Escribe en un papel lo que ha pasado por tu cabeza. Y si te atreves ponlo en los comentarios. Cosas increibles pasarán por tu cabeza.